CUADRO EXPLICATIVO DE LAS DOS TEORÍAS ANTAGÓNICAS SOBRE EL CONTEXTO MUNDIAL: LA BURGUESA NEOCLASICA, MARGINALISTA Y NEOLIBERAL Y LA MARXISTA.


      SEXTA PARTE: un resumen del keynesianismo.
      (VER CUADRO)

      Pero los efectos del stalinismo en el tema que tratamos, la evolución de las diversas corrientes político-económicas, fueron mayores que la desertización teórica interna que sufrió el PCUS y toda su corriente. Directa e indirectamente según los casos, el stalinismo ayudo a legitimar la alternativa socialdemócrata de la burguesía europea, y, a la vez, el prestigio de las políticas de intervencionismo keynesiano que, en realidad, fueron unidas a la imposición de nuevas disciplinas de explotación laboral representadas por el taylor-fordismo. Antes de pasar a las teorías que actualmente intentan explicar la situación capitalista mundial sin caer en los tópicos de la globalización pero tampoco sin alcanzar el contenido revolucionario del método marxista, hay que detenerse en la línea que surge de la socialdemocracia y que asciende y va derivando hacia la derecha. La razón es doble pues esta línea se ramifica en varias interpretaciones que intentan, por un lado, evitar la tosca y burda apología de la barbarie capitalista que hace la GLOBALIZACIÓN POSITIVA, y por otro, presentar una alternativa "progresista" de GLOBALIZACIÓN CONTROLADA, es decir y como veremos, de maniobrar siempre institucionalmente para hacer que los aspectos "positivos" de la globalización se impongan sobre los "negativos", o sea, cabalgar al tigre.

      1. KEYNESIANISMO DURO (VER CUADRO): la necesidad de una reforma interna del capitalismo era creciente en Gran Bretaña conforme se constataba su decadencia imperial a lo largo de la década de 1921. Antes de la Gran Crisis de 1929, Keynes (1883-1946) ya había discutido con amigos suyos del Partido Liberal cómo debería ser esa reforma, pero él mismo no había perfilado aún plenamente su teoría. Incluso cuando se atemperó bastante la crisis en 1933, seguía sin concretarla definitivamente. En realidad, no se puede separar la culminación del keynesianismo en 1936 del influjo de cuatro procesos previos: uno, las reflexiones colectivas de liberales y laboristas británicos con quienes se relacionaba Keynes; dos, las experiencias prácticas y teóricas sobre el intervencionismo estatal que se realizaban en prácticamente todos los capitalismos concretos para salir de la crisis y en la URSS; tres, su propia experiencia como propietario de una empresa de seguros, su enriquecimiento con la especulación bursátil y el comercio de arte, su larga experiencia política en defensa del imperio británico, etc. ; y, cuatro, la influencia exterior de las aportaciones de Kalecki, un economista polaco estudioso de Marx y, por ello, mucho más capaz que Keynes --que despreciaba el MARXISMO-- para adaptar a la reforma del capitalismo determinados componentes marxistas, previamente "desinfectados".
      2. Aún y todo así, hizo falta la II Guerra Mundial para que el keynesianismo fuera aceptado por las burguesías. Recordemos, por ser breves, que la URSS salió victoriosa e inmensamente prestigiada por su decisiva contribución, más importante que la de los EE.UU.; que el movimiento obrero y popular, y las organizaciones de izquierda, habían liderado la resistencia antinazi mientras las burguesías colaboraban activa o pasivamente, y que en el Tercer Mundo ascendían las luchas de liberación nacional. En este nuevo contexto, agravado por los riesgos de una crisis económica, las burguesías comprendieron que los viejos dogmas neoclásicos y marginalistas no servían en absoluto. Keynes tuvo que superar sus iniciales dependencias con el marginalismo blando y con Marshall al ir dándose cuenta de su fracaso.

        Visto lo anterior, que desmitifica bastante el artificialmente hinchado mito Keynes, se entienden perfectamente las razones sociohistóricas del capitalismo imperialista para aplicar el KEYNESIANISMO DURO caracterizado por, primero, intervenir estatalmente con apoyos directos en ayuda de las grandes empresas; segundo, militarizar la economía, apoyar a la I+D, multiplicar el gasto público en infraestructuras económicas que aceleren la acumulación de capital y luego, en gastos sociales; tercero, aumentar los impuestos para llenar las arcas estatales; cuarto, controlar los salarios directos, lograr la colaboración sindical mediante concesiones en los salarios indirectos y frenar la lucha de clases y un aumento de las reivindicaciones; quinto, asumir un aumento de la inflación controlada e intervenir en la política monetaria; sexto, potenciar primero y sobre todo el consumo de la burguesía y, luego, el de las clases populares, y séptimo, perfeccionar el poder de manipulación psicológica de masas del Estado burgués para intentar controlar las crisis de sobreproducción, achacadas a factores psicológicos de los consumidores y no a las contradicciones objetivas de capitalismo.

        Estas medidas fueron efectivas pero no por su supuesta valía intrínseca, sino por el contexto mundial del capitalismo y en especial el del centro. La reconstrucción de los destrozos tremendos de la guerra en Europa exigió, además de la supeditación a los EE.UU. y su "ayuda", de un sobreesfuerzo de las clases trabajadoras inicialmente fuertes y concienciadas pero luego despolitizadas y desmovilizadas por la izquierda reformista y el stalinismo. A la vez, la destrucción masiva, de una magnitud que se olvida y que no podemos detallar, creó enormes mercados de reconstrucción que exigieron la ampliación del sector primario, el de la producción de bienes de producción --decisivo en el capitalismo-- y posteriormente del sector secundario, el de producción de bienes de consumo. A la vez, el capital financiero y el sector servicios tuvieron que responder a las necesidades creadas. Por su parte, los EE.UU. dispusieron de grandes ventajas sobre el resto del planeta por su posición hegemónica dentro del sistema capitalista.

        Sin embargo, es muy significativo que el país cuna del KEYNESIANISMO, Gran Bretaña, no pudiera mantener su anterior hegemonía imperialista y decayese imparablemente. La razón hay que buscarla, en primer lugar, en que la teoría de Keynes está circunscrita al marco estatal, en que no tiene ninguna visión mundial de la economía excepto la que deriva a la fuerza de la posición internacional de la Gran Bretaña, que ya no era, en la práctica, la potencia dominante. El KEYNESIANISMO piensa la economía desde y para los ámbitos estatales y sólo secundariamente para los extraestatales, y ello debido a posición que ocupa en la jerarquía imperialista el Estado de turno y por las relaciones entre la economía y la guerra, es decir, por el complejo industrial-militar. Semejante debilidad estructural explica la segunda razón a una escala más amplia, y es que cuando el capitalismo como economía-mundo entra en crisis entre 1969-1973, el KEYNESIANISMO no pueda detener la catástrofe pese a todos los esfuerzos por aplicarlo más intensamente durante los años posteriores pues, además de paradigma constreñido al límite del Estado burgués, también se le añade una segunda y decisiva debilidad, cual es su incapacidad para integrar largo tiempo al movimiento obrero.

        Su paradigma estatalista, es decir, su incomprensión del capitalismo en cuanto totalidad mundial, y su desprecio de la ley del valor-trabajo, es decir, si negativa a resolver el problema último de la plusvalía y de la explotación, incapacitaban al KEYNESIANISMO para contrarrestar la caída tendencial de la tasa media de beneficio. Según el MARXISMO conforme la crisis adquiere contenidos graves su desarrollo va fusionándose con el de la lucha de clases, y esa misma lucha se transforma en la síntesis de las contradicciones objetivas y subjetivas del capitalismo. A la vez, dicha imbricación mutua e interrelación se acrecienta conforme aumenta la mundialización capitalista y conforme cada Estado va perdiendo poder de influencia y va endureciendo su política interna y externa para recuperarlo. En esa espiral la lucha de clases fusiona sus contenidos sociopolíticos con sus contenidos socioeconómicos. El KEYNESIANISMO, como paradigma que sufre las dos limitaciones estructurales, va quedando ineluctablemente superado. Las burguesías son plenamente conscientes de ello y, si pueden, es decir, si la lucha de clases interna y el contexto externo, se lo permiten, hace un más o menos cambio brusco imponiendo medidas neoliberales o debe limitarse, durante un tiempo, a aplicar KEYNESIANISMOS BLANDOS:

        (10-1) KEYNESIANISMOS BLANDOS (VER CUADRO): o neliberalismos blandos, porque en realidad fueron un conjunto de mezclas impuestas en cada Estado según la relación de poder existente en cada uno de ellos. No llegaron a la ferocidad del ataque neoliberal estricto aplicado en los EE.UU. y en Gran Bretaña, pero sí se acercaron bastante en tres objetivos básicos: uno, debilitar política y económicamente a la clase trabajadora para poder aplicar luego peores medidas neoliberales; dos, transferir a la burguesía enormes masas de capital inmovilizados por estar dentro de servicios públicos y sociales, en fondos de pensiones, etc., y tres, adaptar el Estado a la creciente competitividad mundial. Que las burguesías eran conscientes de la crisis keynesiana se comprueba en la especial insistencia que hicieron en, aplastar al Trabajo mediante la descentralización de los convenios colectivos, la precarización y flexibilización, etc., y en ampliar la supeditación del Estado al Capital mediante las privatizaciones, la reducción de gastos sociales, etc.

        Pero también fueron conscientes de la crisis los propios defensores a ultranza de Keynes, que en una fecha tan significativa como 1977 --crisis agudas en Italia, Portugal, Estado español, etc., debilidad del imperialismo, prestigio creciente de la tesis de von Hayek, ascenso del conservadurismo y del republicanismo, intervención de la Trilateral, etc.-- fundaron el Journal of Post Keynesian Economics para reorganizar a los post-keynesianos frente al ascenso neoliberal. Recordemos cómo en 1980 éstos celebrarían su reunión internacional en Stanford, como hemos visto antes. La reacción post-keynesiana fue una especie de "autocrítica" en el sentido de reconocer, primero, que la economía tiene un esencial contenido de realidad y de materialidad, no pudiendo ser reducida a simples fórmulas matemáticas; segundo, que por ello mismo tiene riesgos, inseguridades e incertidumbres en su evolución en vez de ser una especie de mecanismo regulado con bastante exactitud y, tercero, que por ello mismo se deben tener en cuenta también los factores macroeconómicos, los colectivos y de masas, y no sólo los microeconómicos, los individuales y, a lo sumo, de grupos específicos. Sin embargo estos esfuerzos no detuvieron la crisis del KEYNESIANISMO.

        (10-2) TERCERA VIA (VER CUADRO): a finales de la década de 1991, los efectos devastadores de la ofensiva del Capital contra el Trabajo, del neoliberalismo, habían logrado aumentar las ganancias de la burguesía y adaptar sus Estados a las nuevas necesidades, pero no habían logrado vencer definitivamente a la clase trabajadora. No podemos analizar ahora por qué y cómo desde mediados de esa década se asistía a una activación de la lucha de clases. En 1998 13 de los 15 Gobiernos europeos estaban en manos de partidos socialdemócratas o bajo una alianza de estos con partidos liberales y de centro. Los demócratas gobernaban en los EE.UU. Pero no se detuvo la deriva de los KEYNESIANISMOS BLANDOS hacia la derecha, hacia confundirse prácticamente con el neoliberalismo por dos razones, una, porque las clases obreras no estaban destrozadas como sujetos colectivos capaces de resistir y, dos, porque tampoco el capitalismo mundial entraba en una senda de expansión sino al contrario, cada vez crecía en menos áreas del planeta y se estancaba y agudizaba sus crisis en cada vez más grandes zonas mundiales.

        En estas condiciones aparece la TERCERA VIA como nuevo giro de la socialdemocracia hacia el neoliberalismo. Los debates internos en la socialdemocracia entre los más derechistas y los menos, y en los restos del stalinismo, están siendo realmente pobres y no merece la pena ni siquiera sintetizarlos así. En estos casos siempre es bueno aplicar uno de los principios del método dialéctico marxista consistente en leer a la burguesía, en estudiar lo que dice y hace el Capital: el 23 de marzo del 2001 el diario inglés The Guardian daba la noticia de que la CEOE bajo un Gobierno laborista en Gran Bretaña existía la regulación laboral más laxa de todas, los impuestos más bajos para las grandes corporaciones y los más bajos costo de empleo, incluso más bajos en que los EE.UU. La TERCERA VÍA no es sino la manera en cómo una parte considerable de la socialdemocracia cumple la función de atacar con dureza extrema a las clases trabajadoras para facilitar el beneficio capitalista. Los efectos del ataque sobre la moral de lucha tanto de la TERCERA VIA como del resto de la socialdemocracia y del laborismo en Europa han sido tan devastadores que ya han perdido 8 de los 13 Gobiernos en Europa y en los EE.UU. han llegado al poder los republicanos. Una consecuencia directa de esta recuperación del neoliberalismo y del marginalismo histórico en el tema que nos concierne, es el endurecimiento de las políticas imperialistas en todos los sentidos.

        (10-3) GLOBALIZACIÓN CONTROLADA (VER CUADRO): según esta teoría la globalización tiene aspectos "negativos" pero también "positivos", y el objetivo de las "fuerzas democráticas" es el de desarrollar los segundos y combatir los primeros. Esta teoría tiene muchas formas secundarias de presentarse, tantas como corrientes reformistas que existen y han existido a lo largo de la línea que nos conduce hasta la ECONOMIA BURGUESA CLÁSICA. Desde luego son mucho más que las de la GLOBALIZACIÓN POSITIVA, que simplemente expresa la cruda obsesión capitalista por aumentar su beneficio. Ahora bien, en síntesis, lo básico de la GLOBALIZACIÓN CONTROLADA radica en su deseo por controlar la globalización, por evitar que los aspectos "negativos" se desarrollen más y/o se impongan sobre los "positivos".

        Los aspectos "negativos" son la explotación, el hambre, la enfermedad, la ignorancia, las crisis de todo tipo incluida la ecológica, el racismo, el monopolio tecnológico y un largo etc. que dependen de quien elabore la lista. Los aspectos "positivos" son todos los relacionados con las posibilidades implícitas en un desarrollo "democrático" de las "nuevas tecnologías", de los "medios de comunicación en tiempo real", de los "avances médicos", de la "economía del conocimiento", de aumento del "voluntariado social" y de las ONGs, de la "toma de conciencia mundial" de la especie humana, etc. Vemos que existe un contraste absoluto entre lo concreto que siempre resulta el hambre y los aspectos "negativos" y lo abstracto que resulta todos los aspectos "positivos". Lo peor es que no hay forma de resolver este problema porque, a la fuerza, todo lo "positivo" ha de ser abstracto en una concepción basada en la ECONOMIA POLÍTICA BURGUESA.

        Las ventajas relativas y muy reducidas en la práctica, pero siempre algo más positivas para las masas oprimidas del planeta por sus limitados logros reformistas en comparación a la brutalidad neoliberal, que ofrece la GLOBALIZACIÓN CONTROLADA sobre la POSITIVA vienen del mayor desarrollo teórico y del mayor potencial analítico de esta economía política sobre la ECONOMÍA VULGAR y sobre el MARGINALISMO DURO y BLANDO. Al fin y al cabo, siempre se puede elaborar una especie de "teoría suave" y no radical sobre la explotación basada en las ambigüedades y limitaciones de David Ricardo, por ejemplo. "Teoría suave" que será siempre menos mala que la ferocidad implacable de Malthus y de Jevons, e incluso también que la de Marshall. Sin embargo, la teoría de la GLOBALIZACIÓN CONTROLADA es desde el MARXISMO tan contradictoria e imposible como las pretensiones de acabar con el empobrecimiento mediante la caridad; o las de los diversos socialismos cristianos del siglo XIX por "cristianizar" el capitalismo; o las de las asociaciones de comienzos del siglo XX de "humanizar" el imperialismo con los fondos obtenidos con subastas; o la de la pretensión de la Sociedad de Naciones de entreguerras de impedir una nueva guerra mundial.


      SÉPTIMA PARTE: un resumen de un bloque de críticas progresistas

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